

Crónica
El pintor de Lima

Escrito por: Lucero Vinces
Luis Samanamud tiene más de 30 años vendiendo sus pinturas de las emblemáticas calles limeñas en el Jirón Ancash del Centro de Lima. Él conoce los secretos que guardan las esquinas de la capital peruana y los manifiesta en cada trazo y color de su lienzo. Sin embargo, ¿la pasión es suficiente para sobrevivir en un mundo lleno de necesidad?
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Luis Samanamud pintando en su puesto de trabajo como todos los días
Fuente: Lucero Vinces
Luis Samanamud (69) es un pintor autodidacta que a los 14 años descubrió su pasión y talento por el dibujo y la pintura. Huara, su tierra natal, fue en donde por primera vez realizó una pintura sobre el paisaje y las chacras de su localidad. Cada vez que tenía un trabajo hecho lo regalaba a sus familiares o a sus amigos. Su madre fue la primera persona en recibir un cuadro de Luis, fue de una hacienda que estaba cerca a su casa. Ella en un inicio lo tomó como un ´hobbie´ de su hijo, sin embargo, no imaginaba todo lo que estaba por venir.
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Antes de dedicarse a la pintura, ´Luchito´ (como lo llaman sus amigos), trabajaba como panadero. Sin embargo, su pasión por el arte siempre lo impulsó a dejar las masas de harina para utilizar sus lápices de colores. “Mi familia me criticó en su momento cuando les comenté que quería dedicarme a esto para vivir, pero ahora ya me apoyan”, comenta Luis con nostalgia.
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A inicios de la década de los 90´s, Samanamud llegó a Lima para quedarse definitivamente. Desde entonces, él vive cautivado de las calles y esquinas de la capital peruana. Cada día plasma en su lienzo la fachada de alguna casona antigua o las calles limeñas concurridas, poniéndole color a las fachadas antiguas de Lima, ´la gris´.
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Lima, mi mujer
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Luis tiene su puesto de trabajo en Jirón Ancash del Centro de Lima, al frente del Convento San Francisco. Todos los días, religiosamente retrata la realidad limeña para poder vender bellas y únicas pinturas a los ciudadanos. A pesar del bullicio de sus calles, los trajines de su gente y del caos diario que se vive, existe una persona que aprecia la belleza de la capital del Perú y es capaz de plasmarla en hermosos cuadros.
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“Lima es mi mujer”, es la respuesta de Samanamud cuando se le pregunta sobre su situación amorosa. Cada esquina de la ciudad representa para él una oportunidad de retratar un paisaje urbano. Los lugares que más frecuenta para poder pintar son el Cercado de Lima, Rímac y las playas de la capital, pues él ve en estos lugares la oportunidad de recrear emblemáticos paisajes y colores de la sociedad limeña. Para Luis, la ciudad es su gran amor.
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Su constancia en la pintura se hizo saber hasta la Escuela de Bellas Artes, por lo que los alumnos lo animaron a estudiar. Sin embargo, en tres oportunidades no obtuvo el puntaje esperado y no pudo ingresar. Aquello no fue impedimento para continuar con su pasión. Actualmente, con más de 30 años en la calle Ancash vendiendo sus más preciados cuadros de pintura urbana, Luis no logró grandes fortunas materiales, pero sí se enriqueció de maravillosas anécdotas.
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El taller de Luis ubicado en Jirón Ancash 310 – Centro de Lima
Fuente: Lucero Vinces
Pasión sobre necesidad
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Luis sabe que su más grande pasión es el arte, sin embargo, reconoce que es complicado ser pintor en Lima, sobre todo si utilizas a esta labor como único medio para existir. Tanto turistas como compatriotas se acercan a observar el talento de él, pero son muy pocas las que deciden comprar algún cuadro.
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Samanamud tiene más de 200 cuadros expuestos en su taller. Los precios de sus retratos varían según el tamaño y la técnica utilizada. Hay a partir de los 100 soles que es en tamaño postal, hasta más de 1000 soles que es en tamaño de 90 x 70 cm. Las técnicas que más utiliza y las que están expuestas en su taller son las de acuarela y óleo.
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Es complicado vivir del arte en el Perú. Luis lleva semanas en donde no ha podido vender algún cuadro. Se las ha ingeniado para poder conseguir el sustento para sobrevivir. En muchas oportunidades, tuvo que ir a pie a su casa, debido a que no había dinero. Luis aprovecha este largo camino para seguir pintando muchos más paisajes de la ciudad limeña.
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“Es duro, pero ¿qué hago? Me gusta pintar”, sostiene con firmeza Luis, quien no encuentra obstáculos para seguir haciendo lo que más ama en esta vida. En el 2015, él vivió uno de los momentos más dolorosos: el fallecimiento de su madre. Sin embargo, recuerda las palabras que le dijo meses antes de partir “Sigue en lo tuyo, Luchito". Y él, como buen hijo, prefiere hacer caso a esas palabras y hacer lo que le apasiona.
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Luis trabajando en tiempos de pandemia
Fuente: Artero Vidal
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Lima debe agradecerle a Luis Samanamud, que con su incansable pincel le brinda color y emoción a las viejas y sacudidas calles de la capital ´gris´. Él nos demuestra que la creatividad y la pasión es lo que verdaderamente importa en un mundo lleno de obstáculos y pocas oportunidades. “Si volviera a nacer, haría lo mismo. Pintar es mi vida.”


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