

Crónica
Arte urbano

Escrito por: Lucero Vinces
Con el paso de los años, el grafiti se ha convertido en una forma de expresión artística que ha dejado huella en las ciudades del país. Los jóvenes utilizan las paredes como portavoz de sus más internos pensamientos y sentimientos. Sin embargo, existe el debate si esto es arte o vandalismo.
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Barranco es de los distritos que más promueve el arte urbano, siendo sus calles una de las más coloridas de Lima.
Fuente: Municipalidad de Barranco
El grafiti en Perú ha tomado fuerza en los últimos años. Lo que inició como un acto de rebeldía, ahora es una forma de expresión artística que intenta ser respetada, con la representación de ser un aporte a la riqueza cultural del país. Muchos distritos de Lima ya son testigos de esa mezcla de colores, trazos y estilos que cuentan importantes mensajes.
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Los grafitis son una poderosa forma de expresión artística y social. Los artistas utilizan paredes y muros como lienzos para comunicar historias y expresar sus opiniones sobre diversos temas como la política, la igualdad, el medio ambiente y la cultura. Muchos grafitis también representan una forma de protesta contra la opresión y la injusticia.
Una portavoz a la sociedad
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Los artistas utilizan sus obras para abordar diversas cuestiones tanto sociales, políticas, económicas, personales, etc. Sus creaciones se convierten en declaraciones visuales que llaman a la reflexión de su entorno y de la sociedad. Una expresión cultural y social que capta la atención de propios y extraños.
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Carlos Torres (23) es un estudiante universitario que desde muy pequeño descubrió su amor al arte. Él pintaba en cuadernos, pero "sentía que la hoja de papel no aguantaba todo lo que quería decir". Por ello, hace tres años empezó a pintar en las paredes de su distrito. Primero dibujaba sus trabajos más bonitos para que sus vecinos pudieran admirar su arte. Pero luego, usó los muros para reclamar las injusticias, como la inseguridad ciudadana, preferencias en el vaso de leche, etc.
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Según la psicóloga Anahí Cornejo, los jóvenes buscan demostrar su rechazo a lo que ocurre en la sociedad y la mejor manera que encuentran para hacerse sentir es hacerlo público mediante una pintura en la pared. Generalmente los jóvenes son los que se sienten menos escuchados y los grafitis son la manera de reclamar y protestar tanto con sus familias, autoridades y la comunidad en general.
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Uno de los tantos grafitis que realizó Carlos
Fuente: Carlos Torres
A pesar del gran impacto cultural que poseen los grafitis, estos generan controversia. Algunas personas los consideran como vandalismo, mientras que otros piensan que son obras de arte legítimas. Este debate originó la creación de espacios legales, como murales comunitarios y festivales de arte urbano, donde los artistas pueden expresarse de manera legal.
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Las calles limeñas, con su bullicio y diversidad se han convertido en una combinación de diseños, estilos e historias que rinden homenaje a la cultura peruana hasta mensajes de conciencia social. Muchos municipios han otorgado permisos para la creación de murales, lo que ha contribuido a su preservación. Esto ha permitido que obras de arte efímeras se conviertan en parte del paisaje urbano a largo plazo.
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¿Arte o vandalismo?
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Para los jóvenes que realizan esta acción, esta es una gran noticia, puesto que permite que su arte pueda desarrollarse “de manera legal” sin tener que esconderse cada vez que pintan en alguna pared. Carlos tiene muchas heridas por correr de los serenazgos cada vez que lo veían pintando. Muchos de sus trabajos han sido borrados de las paredes, lo que le causa incomodidad porque siente que apagan su voz.
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Por otra parte, Edhu Saravia (20) es un estudiante universitario que en el presente año descubrió en el graffiti un nuevo estilo de vida para expresar lo que su voz no puede ni quiere decir. A él no le interesa que se promueva el arte legalizando la pintura en paredes, pues lo que más disfruta es la adrenalina de pintar en un lugar prohibido.
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“Desafío el estándar de hacer lo que quiera. Si pinto una pared que le pertenece a alguien más me siento liberado. Es terapeútico”, afirma con emoción Edhu. Sus paredes favoritas son las que tienen más visibilización por el público, en avenidas concurridas y a veces también pinta en fachadas de casas. En todas las ocasiones ha pintado sin permiso, exponiéndose al regaño de serenazgos y vecinos de la zona.
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“TEC” (Torito endemoniado de Chalhuanca), firma que realiza Edhu en cada una de sus pinturas en la pared.
Fuente: Edhu Saravia
Edhu reconoce: “Sí es vandalismo, soy consciente de mis acciones. Pero no vale la pena pedir permiso por un dibujo que no afecta a nadie”. Siempre deja su firma en cada uno de sus trabajos para que cada que alguien vuelva a ver ese trazo sepa que es de él. Él considera que este arte no es para todos porque no todos saben valorarlo.
La psicóloga Anahí afirma que el graffiti representa un sentido de pertenencia con su entorno. “Es decir yo pertenezco aquí y no me siento contento con lo que pasa aquí. Es su manera de decir ¿Qué están haciendo por mí?” Esto es un reflejo de sus emociones, no siempre es para protestar socialmente, también es para sentirse escuchados.
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Los grafitis son más que simples garabatos en paredes, es una expresión artística que influye en la cultura y sociedad del país. A través de colores, formas y mensajes se convierten en un escenario para la creatividad, protesta y voz de las calles peruanas.
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